Mi ex esposo tenía la costumbre, casi una tradición, de regalarme rosas rojas los días de San Valentín.
Al principio fue todo un tema en la pareja porque yo no le prestaba atención a las flores, pero él lo hacía con toda la intención.
Se sentía bien regalándome las flores. Orgulloso estaba. Quería que realmente las valorara, que las pusiera en un lindo lugar en la casa.
Quería que se hiciera una tradición en la pareja. Un ritual de todas las mañanas de San Valentín.
Que las luciera.
Que estuviera orgullosa de mis rosas.
No importaba si salíamos ese día, no importaba si además me regalaba algo, o si yo le regalaba algo. Todo el resto era secundario.
Lo importante eran las FLORES.
Las rosas rojas.
Siempre una docena.
Hermosas rosas.
Así que fueron pasando los años y él seguía llegando con unas hermosas rosas a nuestra casa.
Hasta el punto que yo empecé a esperarlas todos los 14 de Febrero.
Si, se había vuelto una tradición en la pareja.
Me sentía contenta con mis flores. Las ponía en el lugar más vistoso de nuestra casa.
Hasta que un 14 de Febrero, estábamos en el balcón ordenando, cuando se puso en alerta y me dijo:
Me olvidé de las flores, nena.
Fue en ese microsegundo en donde nuestras miradas se cruzaron y que rápidamente desviamos las miradas.
Ninguno de los dos quería enfrentar lo que estaba pasando.
Algo andaba mal en la pareja y la ausencia de las flores fueron el primer indicio de la desconexión entre nosotros que venía hace tiempo.
A los seis meses de ese 14 de Febrero me fui de mi casa y emprendí un nuevo camino.
El camino del Amor Propio.
Todos los 14 de Febrero me acuerdo de esas benditas flores (supongo que él también) y me recuerdan lo importante que es el amor, pero también el amor con uno mismo, cómo nos queremos, cómo nos cuidamos, cómo nos hablamos y cómo nos respetamos.
No tenemos que olvidarnos de nosotros, no perdernos en el camino… y si pasa, tener la valentía de volver a encontrarnos siempre.
Emme existe para eso.
Para cuidarnos, para protegernos a nosotros mismos, para tomar decisiones sanas y simples. Alimentarnos inteligentemente y llevar una vida consciente en el día a día y con la gente que amamos.
Te deseo mucho amor propio.
Ale, la chica detrás del mostrador
